Navhi Letty Feberost (Rost)

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Navhi Letty Feberost (Rost)

Mensaje por Rost el Mar Abr 24, 2012 8:24 pm

Nombre: Navhi Letty

Apellido: Feberost

Edad: 26 años.

Profesión u Oficio: Médico.

Grupo: Humano Civil

≠ Tipo de Dragón: ---
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Descripción Psicológica:

Ambos odiaremos esta parte. Ustedes leerla y yo escribirla. No hay persona más prepotente y ególatra que aquella que solo habla de sí mismo. Ahora se me pide que no solo hable de como soy por fuera y de mi vida, sino que, para empezar debo de contar como es que soy por dentro. No me parece buena idea, en absoluto. Son unos locos si disfrutan saber esto de otros sujetos que no sean ustedes mismos. Pues ahí tienen la primer pista de como soy. Un hombre demasiado celoso de sí mismo, un reservado algo exagerado. Disfruto enormemente leer un libro tirado en mi sofá mientras bebo un buen vino tinto de temporada, puedo pasarme horas enteras así, sin visitas, ni pacientes. Completamente solo, tanto que a veces me aisló por completo.

Si me concentro lo suficiente me convierto en alguien imperturbable por el exterior, eso se aplica a lo que sea que haga en ese momento. Pero no lo atribuyo un poder de concentración muy bueno, más bien tiene que ver con el poco placer que siento hacía las interrupciones. En mi mundo soy la persona más importante, porque quizás tú, si, el idiota que esta disfrutando leyendo esto (¿cuantas veces te insultare en estas líneas?), pudo haber dependido de mí en algún momento. Puede que de no ser por mí tú hubieras muerto hace mucho tiempo. Soy el hombre más importante de mi mundo así que al menos de que no vengas muriéndote no conseguirás llamar mi atención. Y en este aspecto, solo en este aspecto de mi vida soy alguien contradictorio. Claramente, como médico que soy, mí tiempo no es mío y siempre estoy pendiente por si hay alguna emergencia. De igual manera me acomodo bien a las contradicciones y trato de ser algo despreocupado en ese aspecto para evitar asfixiarme en la presión de mi trabajo.

Si hablamos en términos generales jamás he tenido pareja, una de tipo formal que puedas presentar a tus padres con cierto orgullo. No me gustan las ataduras de ese tipo, de ningún tipo. Si tienes suerte y te hago caso más de una vez no esperes que eso signifique algo, quizás lo hiciste bien y quiero probar otro poco de lo que me has ofrecido. No soy un tempano de hielo, siento y me gusta que me hagan sentir bien, recíprocamente me agrada disfrutar. En el trabajo si soy frio, las emociones estorban a la hora de estar cuidando a un paciente, como más adelante dentro de este mismo archivo se darán cuenta. En mi vida personal soy exigente, no soporto los lloriqueos o que vengan a chantajearme con frases tan trilladas como “¿No recuerdas lo bien que lo pasamos?” ¡Por favor! Ni siquiera recuerdo tu nombre. Hazte un favor y no caigas en una imbecilidad de este tipo.

Mi carácter es duro y difícil, quizás algún día encuentre a la “horma de mi zapato” que me baje de mis nubes, pero por ahora seré tan promiscuo y lengua larga como yo quiera. Y si hablamos de un lado noble, podemos decir que lo tengo, pues ningún amigo sufrirá alguna grosería de mi parte, aunque muy, pero muy pocos pueden llamare amigos míos. Me agradan los placeres sencillos y que se me pague bien por lo que hago, es mi trabajo y le he dedicado mi vida entera, respeten eso. De vez en cuando alguien tiene la fortuna de darse cuenta de que soy, aparentemente, el primer forense en la ciudad, pintoresco, es un término muy pintoresco, lo disfruto. En alguna forma soy alguien con una ética reservada sobre la conducta humana, manteniéndome a margen para no ser analizado yo también. Pues bien, sin querer les he contado un poco de mí mismo aunque planeaba llenar esto a lo idiota y hacerte leer hasta aquí sin que te enteraras de qué demonios ocurría con mi cabeza. No me molesta decirles algunas cosas, eso solo me hace sentir importante pero pronto te darás cuenta que he escrito muy poco en realidad. La práctica siempre es mejor que la teoría y aquí tienen un incentivo para llevarlo a cabo. Es todo.
Descripción Física:

¿Hora de ponerse narcisistas? Eso es bastante sencillo para mí, ya que siempre me he considerado un hombre muy atractivo. Desde pequeño me gusto cuidarme, ya saben, hacer ejercicio y esas cosas de los fanáticos e la buena salud. A la edad de diecinueve años, alcance un metro ochenta y uno de estatura y no crecí ningún centímetro más desde entonces. Mis ojos son afilados pero no muy largos y presentan la anomalía llamada heterocromía iridium, dando un ojo violeta y el otro gris. Tengo la nariz larga, recta y delgada de mi padre y los labios de mi madre así como la piel suave que a veces se quema al sol. Cosa que odio. El rostro delgado pero algo angular proviene de familia y las gafas que suelo traer siempre son de un pariente fallecido hace mucho tiempo. Un tatarabuelo o algo parecido. Las encontré y me gustaron. Claro, no están graduadas como creía al principio, así que las uso con total confianza al saber que no echaran a perder mi visión perfecta. No estoy muy seguro, pero me parece que no se pueden graduar las gafas, tampoco conozco ningún caso de problemas de visión.

Hablemos sobre mi cabello. Motivo de discusión con mi madre que ansiaba siempre que lo llevara corto, lo más corto posible, pero yo lo prefería largo y de alguna manera me escapaba de sus cuchillas de corte. Lo he tenido largo la mayor parte de mi vida, lo suficiente como para amarrarlo sui hace mucho calor o a la hora de operar. Me cubre todo el cuello y mi flequillo, por descuido, a veces llegar a rozarme os ojos pero no dejo que me lo cubra por completo y suelo traer una parte de mi rostro descubierta, obligando a mi cabello a acomodarse detrás de la oreja.

A la hora de vestir me gustan las ropas cómodas. Uso textiles propios de la región pero de hilo delgado, evitando las telas gruesas y protectoras que se fabrican para los domadores y las largas y bordadas que suelen traer algunos viejos maestros alquimistas. Pantalones, camisas de hilo y mi bata blanca que forma parte de mi obsesión como doctor. Siempre desee una y es agradable decir que ahora tengo las que desee. (Nada como atender el parto de la hija del sastre. Eso fue algo casual). Debajo de todo esto encontraran un cuerpo bien moldeado y delgado, sin exagerar. Soy de los que se defiende por su cuota y más que usar fuerza física tengo talentos que solo un doctor preparado puede conocer. Siempre trago las uñas cortas, tanto de las manos como la de los pies y cuando salgo y bajo al mercado, traigo conmigo un par de bisturís en caso de necesitarlos en algún momento. Me han servido antes. Tanto como para atender a alguien de emergencia como para defenderme. Otra cosa que llevo conmigo son libros. Es un hobbie fascinante que me ha llevado a escribir mi propio libro sobre medicina y autopsias, no lo he terminado, pero estoy pensando en sacarlo en dos o tres tomos, quien sabe. Quizás ayude a alguien pero por ahora está lleno de descubrimientos personales sobre el cuerpo humano.

Ahora veo que me he alargado demasiado así que para terminar les diré que, como única marca personal, cuento con un tatuaje. Es un tribal. Me gustan los símbolos que hacen alusión al infinito, el círculo es uno de estos y mi favorito también. lo otro favorito es, por supuesto, el color rojo. Es curioso que diga esto, pero el tatuaje parece más una especie de flor que un círculo dependiendo de cómo se le mire. La ubicación claro. Al frente, en la ingle derecha y tan abajo que no es posible verlo a menos que me desvista. Me parece que eso sería todo y que si desean averiguar algo más solo deben de preguntarme.
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Historia:

¿El pasado dicta el futuro, he? ¿Alguien sabe quién demonios dijo esa frase? Yo no tengo la más remota idea y para ser sincero, me fastidia que sea una frase tan acertada. Al menos casi con todo el mundo. Y digo “casi” todo el mundo por qué no me considero dente de ese grupo de gente. Sí, sí, todos queremos ese trocito de individualidad entre la masa humana, pero no es eso a lo que me refiero. Filosofar está bien por un rato, pero a la larga hasta el filósofo se agota de sus propias ideas. Yo soy alguien que se aburre rápido de las cosas no cambiantes. Filosofar no es lo mío y odio aburrirme, por eso mismo soy doctor, o médico o como quieran llamarme, el caso es que me gusta experimentar con el cuerpo humano, cuando están muertos, así que también podría ser un perfecto médico forense. Amo el sonido de la piel rasgándose por la cierra tosca de corte. Ustedes me disculparan, es un simple gusto de un hombre que posee un alma investigadora.

Ahora bien, volvamos al tema y recapitulemos, para el momento en que estés leyendo estas líneas, ya habrás pasado por el aspecto físico y el psicológico (sin duda la parte que más me gusto escribir de toda esta idiotez), pero ni una cosa ni la otra les debió de decir cómo es que termine siendo lo que ahora soy. Y sobre aquello que les decía de esa frase que no es aplicable a mí, pues bien, pronto se darán cuenta de que hablo conforme lean esto. ¿Mir orígenes, he? Como todos, no recuerdo mis primeros años de existencia, pero sí puedo decirles que crecí en un ambiente bien cultivado de cariño y atención de mis padres que buscaban conmigo, restablecer el camino de la rectitud que mi hermano, siete años mayor que yo, lanzo por la borda al convertirse en cazador en lugar de un ilustre médico como lo es mi padre aun ahora.

Aparentemente mi camino había sido decidido desde el momento en que lloriquee al salir del útero de mi madre pero eso era algo que yo no sabría sino hasta muchos años después y para serles sinceros, la verdad es que nunca me importo. Mis padres, mi hermano Kelly y yo, vivíamos en una cabaña bien situada cerca del centro de la ciudad, donde mi padre recibía, con mucha frecuencia, personas para hacerles desde el tratamiento más sencillo hasta operaciones peligrosas, que muchas veces terminaban en la muerte del paciente en cuestión. En aquella época yo contaba con unos siete años poco más, no lo recuerdo con exactitud, pero lo que si recuerdo eran los espectáculos nocturnos que rondaban a mí alrededor. Mi padre tenía unos métodos muy absurdos para deshacerse de los cuerpos, métodos que a mí me parecían realmente muy fascinantes. Recuerdo la sangre, mucha sangre, sabia a oxido, a herrumbre. Exquisito.

¿Qué? ¿Acaso me estoy saliendo de la línea? ¿Te molesta que me guste el sabor de la sangre? Quizás no has probado el tuyo. Deberías. Yo lo hice muchos años después de eso, en aquella época prefería probar el de otras personas, lamerlo de los utensilios. Oh, ahora sí que me he salido de la línea. En fin, quedamos que les diría por qué no se me puede poner dentro de aquel grupillo en el que el pasado te marcaba y es precisamente allí, donde me empecé a desviar, como mi querido y estricto padre diría. De repente, ser doctor dejo de ser un camino marcado para convertirse en una obsesión infantil. Deje que mi padre me enseñara aun in tener la edad suficiente para asistir al colegio. Y en lugar de inclinarme por ser un asesino, — el gusto por la sangre puede hacerle perder a uno su camino rápidamente — me incline por el de preservar la vida. La balanza estaba peligrosamente pareja pero contando apenas con esos diez años de edad, fecha que recuerdo muy bien, me marque el reto de luchar por mantener vivo a mis pacientes. Se los robaría a la muerte, si con eso aumentaba mi propio prestigio.

Y luego llegó la hora de ir a la escuela. Es un pasaje algo aburrido de lo cual solo cabe destacar unas cuantas cosas. La primera de ella fue el conocer al único hombre al que podré llamar amigo, al menos por ahora. Enkil se presentó ante mí apenas traspuse las puertas del colegio, hablando figuradamente. Su hermano mayor iba ya en cuarto grado y el menor era demasiado pequeño como para venir aun. No es como si buscara ser popular ni tener amigos, de hecho, el inicio de esta amistad fue tan efímero y sutil como extraño. No tengo ninguna fecha exacta para darles solo se que de repente ya compartíamos la hora de recreo y peleábamos con otros sujetos codo a codo. Debido a esa amistad conocí a los Shervell al completo, quedándome algunas veces a dormir en su casa y viceversa. Yo sabía que desde esos años Enkil buscaba hacer otra cosa diferente, algo que la sociedad no consideraba correcto, pero nunca tuve intensión de detenerlo. Así como yo decidí ser doctor por os motivos incorrectos, me supuse que mi amigo deseaba desprenderse de cualquier atadura que le impidiera respirar y, he de decir, que por poco valorada que fuera su decisión, me llevo a mí mismo a terminar de escoger mi propio camino. Esto es un secreto, claro, pero no me molesta decir que aproveche su ímpetu para usarlo como mi guía.

El siguiente asunto, no menos importante para mí, pero si para ustedes fue el descubrimiento de mi propia sexualidad y que, recíprocamente, me descubrieran a mí mismo, trabajando sin lo que en Reogtos se llama: “Licencia de Empleo”, es decir, llevaba varios años “trabajando” sin el permiso del gobierno de la ciudad. Ser menor de edad aun me salvo de muchos castigos, inclusive de la cárcel, pero jamás deje de hacer lo que quería, pese a que mi padre estuviera en desacuerdo con mis métodos de hacer las cosas resulte realmente capacitado tanto como para atender heridas superficiales como para hacer operaciones más riesgosas y salvaguardar la vida de mi paciente. Eso lo llevo a no detenerme. Desesperado porque uno de sus hijos siguiera sus pasos me dejo la vía libre para ejercer como me parecía. Quizás ese fue el único acto irresponsable que le vi hacer en toda su vida. De todas manera, puede que se arrepintiera ¿Saben? Antes de salir del colegio, mi hermano murió mientras cazaba dragones. Nunca supe los detalles de su muerte, pero un grupo de recolectores nos trajeron su cuerpo y mi padre lo incinero en una ceremonia muy íntima de despedida.

Con los años pude coleccionar un gran número de armas punzo cortantes, espadas toscamente trabajadas, bisturís hechos por los alquimistas metalúrgicos, tan filosos que cortaban la carne con una suavidad escalofriante. Conseguí machetes, punzas, unas dagas y cuchillos para cortar raíces. Conseguí serruchos quirúrgicos, es decir como los tradicionales pero aplicables a quirófano. Mis tratos con los gremios de alquimistas comenzaron con mi interés por investigar el cuerpo humano. Desde lo más profundo del cuerpo hasta la mínima fibra de cabello del cuerpo. Aquello les pareció sorprendente, sobre todo porque las autopsias que se practicaban antes con tanta frecuencia ahora ya no se hacían. Yo me había dado cuenta que mi padre no las hacía, pues alegaba que eso era pérdida de tiempo, un cuerpo muerto ocupaba espacio y por ende era quemado y el espacio liberado albergaba a otro paciente vivo, que lo volvía, mas importante por lógica. Bien, yo, con mis escasos diecisiete años, entendía eso a la perfección, pero no importaba.
Fue allí donde decidí mudarme. El consultorio de mi padre tenía espacio, buen equipo y era popular en el pueblo, pero no era lo que yo estaba buscando. Me había convertido sin darme cuenta, en un proscrito entre los doctores de Reogtos, que veían de mal manera mi gusto por los cadáveres y lo que podía aprender de ellos, y de esa manera, trabe buenas amistades con algunos alquimistas que se dispusieron a ayudarme con el equipo que necesita a cambio de la información que yo pudiera darles sobre los cuerpos que diseccionaba. Gracias a Enkil conseguí el lugar perfecto para establecer mi casa y a cambio de curaciones gratuitas, me permití la ayuda de un gremio de metafísicos para levantar mi hogar. Prepare habitaciones en el segundo piso y un consultorio con una bien equipada sala de operaciones para atender casos más fuertes. Y del otro lado, por una entrada bien asegurada, estaba mi sala de autopsias.

Todos estos eventos me llevaron aproximadamente un año y medio y apenas me encontré instalado y disfrutando de mi soledad, el primer paciente que atendí en mi nuevo hogar, fue nada menos que Enkil, única persona que fuera de los alquimistas conocía la ubicación exacta de mi nuevo hogar. La herida en su pecho me puso un poco nervioso y comprendí porque un doctor no atendía a alguien que le importaba. Enkil será todo lo que ustedes quieran, pero es mi amigo, el único amigo que nunca me dijo que mi camino estaba mal. Lo atendí y no tuve miedo cuando lo hice, pues un doctor no permite que le falle el pulso en el momento de operar. Sabía que estaba volviéndose un cazador si es que no lo era ya, y como mi fallecido hermano lo fue y por él mismo, comprendí lo precaria que era la situación de ellos en la ciudad. Los cazadores no eran bien aceptados hace siete años y tampoco ahora lo son, su situación los convierte en criminales y poca gente está dispuesta a ayudarles cuando lo necesiten. ¿Se han dado cuenta de lo mucho que detesto seguir el estándar social?

Pueden creer que esto es solo un pretexto más para mi desobediencia social pero las cosas si pasaron como se las estoy relatando y bueno, el trabajo me ayudo a un poco a controlar mi deseo por la sangre y también me volvió algo, promiscuo. Demasiado promiscuo. El sexo siempre me ha parecido algo de buen gusto para controlar ciertas ansiedades que un hombre joven pudiese tener. Pero todo, como desde que soy joven, ha dependido de mi humor y de lo mucho que me pueda o no gustar mi paciente en ese momento. No me agradan los que se me ofrecen pero me gusta ofrecerme si el partido me merece. Contrario a lo que el sexo representa para mí, considero estas preferencias de un pésimo gusto si me permiten decirlo. Pero hasta alguien como yo tiene unas reglas estrictas que nunca romperá y planeo seguirlas hasta la muerte. ¿Qué cuáles son? Eso no te corresponde saberlo a ti. No son tan privadas, pero no son necesarias el ponerlas aquí.

A Enkil no le cobre aquella primera atención médica poco grave, pero si le pedí, que a cambio, le dijera a los cazadores que conocía, si es que conocía alguno, — nunca entrabamos en detalles en esos temas, no en esa época —o por defecto a cualquiera dispuesto a dejarse atender por mí, como encontrarme en caso de que fuera necesario. Mi plan por ganar popularidad fue bien, la gente me visitaba a menudo y a veces, algunos locos como yo, me firmaban un permiso para poder disponer de sus cuerpos en caso de muerte, lo que me permitía continuar mis absurdas y morbosas autopsias. Dejen decirles que nunca he faltado a mi palabra de doctor, preservar la vida siempre ha mostrado un punto sobre el que nunca dejo de presionar. Soy tan solitario como puede ser un doctor pero tengo tanta gente que ahora dos chicas, mis ayudante, trabajando conmigo para subir las veinticuatro horas del día. Soy muy bueno soportando el desvelo pero hay veces en las que de plano no lo aguanto y sin más me desmayo.

Creo que para este punto ya les he contado todo lo que podría decirles que fuera relevante en mi vida y que pudiera interesarles a ustedes. Desde entonces han pasado varios años y pocas cosas han sido modificadas en mi vida. Visito mis padres de vez en cuando, sí, he agregado otra sala de operaciones en mi hogar y ahora acepto visitas de amigo y no solo de mis pacientes. Es extraño como nos hace la edad. Mi padre, hombre recio y firme creyente de las reglas, parece muy complacido de que, aunque sea clandestinamente, sea un doctor como él. No me quejo, me dejan vivir en paz y aunque tengo mis sospechas de que el gobierno ya sabe dónde vivo, no parecen preocupados en molestarme ni detenerme. Si tú quieres saberlo solo tienes que preguntar a las personas adecuadas o puedes encontrarme algún día por el mercado. Quizás sí, quizás no. Soy tan esporádico como mi gusto por los hombres y las mujeres. Lo que me lleva, con esta última frase, a dar por terminado el relato de mi corta vida. Que lo aquí leído les hay entretenido, me interesa poco, al menos te hice perder unos minutos conociéndome, eso sí, solo en parte. Lo demás, como solía decirse, viene con el tiempo. Pueden retirarse.

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Imágenes:

Spoiler:



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Nombre del Personaje: Tenpou Gensui

Serie, Película o videojuego a la que pertenece: Saiyuki Gaiden


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Rost
≠ Médico Clandestino ≠
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Fecha de inscripción : 24/04/2012

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